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Miseria de la propaganda

lunes, 25 noviembre 2013

En uno de los blogs de Jacobin, se comen el coco porque Homeland y otros productos de Hollywood justifican la necesidad de disponer de un sistema de seguridad que, por supuesto, es capaz de excederse y superar las líneas de lo aceptable y el control democrático. Sí, claro. El problema de estas reflexiones es que no impiden el que, en efecto, la causa propagandística no declarada pueda ser incluso cierta y necesaria. Pero de la misma forma, Hollywood produce Modern Family, una trama que representa con total amabilidad, felicidad y cordialidad uno de los mayores horrores conservadores: familias que no son, por definición el concepto de familia que aman. Padres homosexuales, divorciados, hijos con relaciones prematrimoniales y otras conocidas causas de decadencia de la humanidad. Vendríamos a tener que Hollywood puede también poner en tela de juicio a los mismos conservadores encantados de disparar a todos los sospechosos de ser Bin Laden, q.e.p.d: Hollywood, para qué negarlo, de toda la vida fue un nido de maricas y comunistas. Siempre aparece alguien ofendido por los supuestos subyacentes de cada elección comunicativa, en Hollywood y en cualquier lado: seguramente mucho más desde que cualquiera puede tener voz. Si cualquiera puede tener voz, el ánimo censor parece no reducirse sino todo lo contrario: todo el mundo piensa que el espectador es mucho más tonto que uno mismo y no es capaz de darse cuenta de que lo quieren manipular. El analista de cada manipulación es tan listo que él sí. Todo el mundo cree que nadie tiene derecho a ofenderle y todo el mundo cree que tiene todo el derecho a ser el dueño de la regla que mide la ofensa. Por cierto, todos se olvidan de que sin éxito nadie haría caso a estas terribles manipulaciones.

Como tontos

miércoles, 29 diciembre 2010

Una amiga susurra que «el discurso de nuestros politicos me recuerda cada dia mas a la historia de los Reyes Magos» y le pone una de esas etiquetas para proseguir la conversación: #comotontos.  «Como la publicidad», le digo yo. ¿Hay diferencia entre publicidad y discurso político? Ah, que hubo un tiempo que se llamaba propaganda y no era ni siquiera una palabra con significados malvados, sino que hasta los ministerios añadían su nombre con total honorabilidad. Propaganda, publicidad y políticos tienen por objeto comunicar a las masas, que viene a ser casi lo mismo que sujeto revolucionario (he dicho casi). Para ser tenido en cuenta por las masas, el mensaje debe captar la atención del mayor número de personas posible, y eso debe tener en cuenta su capacidad mínima de comprensión. Es decir, debe ser para todos, incluidos los tontos. Ignacio Ramonet, ese gran manipulador, gustaba de decir que la realidad para ser entendida – y, por tanto, comportarse uno con la lógica esperada de una democracia – requería de esfuerzo y dedicación por quien quisiera entenderla: si las familias no aprendieron a programar un VHS a pesar de que les daba autonomía (¿un grado de libertad?), ¿qué esperanza podemos tener?. En busca de remedios, por descarte se llega a que cada uno se busque la vida, algo que no supone mirar sin volverse (más) tonto a La Esteban. Como consejo, apaguen la televisión. Que el mundo cambia.