Artículos de la Categoría: ‘Sandeces que uno piensa en el devenir de la mañana’

Sandeces que uno piensa en el devenir de la mañana (viii)

Viernes, 18 febrero 2011

¿Quien ha sido el listo que ha calculado la distancia entre los letreros de los nombres de las estaciones del metro? Sentado – o de pie – es imposible visualizar donde está uno prácticamente desde cualquier ángulo. ¿O es porque cuando hay que renovar hay que pegar menos cartelitos?

Sandeces que uno piensa en el devenir de la mañana (vii)

Viernes, 11 febrero 2011

¿Quién le hace el photoshop al cortinglés? Señora guapa y famosa que utilizan de reclamo, señora guapa y famosa a la que no se reconoce en los carteles si no es haciendo un ejercicio de observación continuada.

Sandeces que uno piensa en el devenir de la mañana (vi)

Viernes, 4 febrero 2011

Acerca de mi conflicto con las cuchillas de afeitar, todo sería más simple si tirara las usadas y no las repusiera en la cajita de plástico que se supone que sirve para poner y quitar con toda comodidad.

Sandeces que uno piensa en el devenir de la mañana (v)

Viernes, 21 enero 2011

Soy un antiguo. He escrito folklore con k.

Sandeces que uno piensa en el devenir de la mañana (iv)

Lunes, 3 enero 2011

Luchacos. ¿Por qué ejercían esa fascinación compulsiva en todo adolescente machito que se preciara? ¿Seguirá ocurriendo? Mi no entender.

Sandeces que uno piensa en el devenir de la mañana (iii)

Viernes, 3 diciembre 2010

¿Por qué cada vez que cambio de cuchilla de afeitar nunca sé la que es nueva o está usada y tengo varios cartuchitos de gillete semillenos o semivacíos?

Sandeces que uno piensa en el devenir de la mañana (ii)

Viernes, 5 noviembre 2010

¿Antes de que viéramos cine americano se decía “no me gustan las sorpresas”? ¿Y “no me gustan las despedidas”?

Sandeces que uno piensa en el devenir de la mañana

Jueves, 21 octubre 2010

Es sintómatico de una vida el que una y otra vez las cremalleras de la mochila geek que porto estén abiertas. En el metro, en la calle, en los bares… paso horas con las solapas abiertas a la vista de todo el mundo. Curioso: nadie comenta nada. Más curioso: nadie ha metido la mano dentro.