Hank Moody regresa a Los Angeles y trata de despedirse de vuelta a Nueva York. Dice: «I’m leaving». Y añade hablando como cualquier línea de diálogo «on a jet plane». Sigue: «I don’t know when I’ll be back again». Supongo que es un guiño para mayores.
Las despedidas concentran versos grandiosos. Como este relato del Lobo Estepario: «Simplemente te olvidaremos. No nos puedes ni combatir ni asustar porque ya no eres importante. Te olvidaremos”. Peter, Paul and Mary también dejaron uno cruel: «Oh, baby, I hate to go«.
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Influencer: dícese de aquel individuo que tiene acceso a Internet y que un día se abrió un blog que abandonó cuando apareció Twitter. Hizo acopio de seguidores, y ahora le llaman las marcas para que hable en su perfil de productos, tuitee sobre tales servicios o haga fotos a tal comida.
“Ahora se ha puesto de moda decir que las administraciones no pagan. Pues acostúmbrese a no cobrar de ellas”, espetó. “Tenemos documentos en nuestro museo que prueban que en 1980 cobrábamos entre 300 y 400 días después. Era la época del Insalud, antes de traspasar la competencia a las autonomías”. Sin embargo, el mayor rango de morosidad se produjo en 1992. “La Expo y los Juegos Olímpicos los financiamos Grífols y otras empresas como la nuestra. Llegamos a cobrar con 700 días de retraso”.
Lectura paralela: de cómo independizarse para cambiar un estado por otro, no es la panacea.
(no, para nada: «Grifols «no puede depender» de un país en el que es el Gobierno el que fija el precio de los medicamentos «y encima no paga». «Vendemos fuera porque allí se cobra y aquí no»)
Viendo el estado desaforado de las fans de Justin Bieber en algún país asiático, he podido comprobar que no hay diferencia alguna entre esas conductas (chillidos, lágrimas, aspavientos, memeces) y las de las fans occidentales. Con un poco de perspectiva, los registros visuales que quedan de los seguidores de los Beatles en sus años dorados no se diferencian tampoco en nada.
Deduzco entonces que debe haber algo biológico en esta condena (la de no poder evitar comportarse como un gilipollas) si culturas diferentes y tiempos diferentes generan algo así, además de hacerlo generalmente con las mismas edades. ¿Lo harían las romanas y romanos con los gladiadores?. No sé, pero sólo falta que Facebook descubra la fórmula y nos lobotomice.
…muchos usuarios que creen que tener una web es permitir que Facebook tenga un perfil sobre ti (no es «mi perfil» en facebook es «el perfil de facebook» sobre ti).
El ministro de cultura, señor Wert, ya calificó de libertarios a quiénes no le convencían con sus argumentos. Los libertarios, claro, son los señores que pueblan internet y que no hacen caso a las leyes oficialmente escritas por los representantes de la ciudadanía con la inestimable ayuda de los interesados en que esas leyes existan. Ese clásico de que si no puedo competir, la ley se cambia.
El año 1959 registró un acontecimiento que parecía marcado por la poesía: la Revolución Cubana
El testamento moral de Eloy Gutiérrez Menoyo se abre con la descripción más simple y demoledora que se ha hecho para describir uno más de todos los ocasos del siglo XX. «Un acontecimiento que parecía marcado por la poesía» es el relato de una desgracia que no puede dejar, pese a ello, de ser poética. La crueldad puede ser relatada como épica o como saga: siempre hay que volver a ver El Padrino. Para la visión de cantar de gesta que pudieran llevar a cabo Coppola o Scorsese de un Fidel Castro habrá un hecho que no puede escapar a la mirada de un guión a la medida de la ocasión, algo que pudieran hacer Sorkin si no se deja llevar por la inocencia: uno tras otro los antiguos compañeros de armas que fueron decepcionándose de la vida y obra del Comandante, han muerto sin ver como ni él fallecía ni la isla volvía a ser lo que era. Fidel siempre gana: “I knew you would come, but I also knew that I would catch you”. Queda saber si Huber Matos podrá reír mejor.
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