• No hay elementos.
  • No hay elementos.
  • El último playboy

    14 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    El turco tiene una cabellera plateada y aristocrática. Aprendido en carne propia, es capaz de dar consejos a los demás sobre el riesgo del enésimo matrimonio con una mujer no más joven, mucho más joven. El Bentley está en venta, pero todo obedece a una mala decisión de uno de los hijos que, por lo demás, viven del patrimonio del abuelo del primer matrimonio: un capitoste de la Fox.
    Santa Bárbara es una especie de Costa Azul pasada por California y su cómoda vida informal. El turco nos sienta en un italiano de aspecto exterior absurdo, trivial diríamos, con la sorpresa de que es dirigido por una mujer hindú. ¿Por qué en España es tan complicado encontrar un sitio que dé el punto de la pasta que dan en este absurdo lugar? El especial del día está hecho con una langosta y una salsa de tomate que no olvidaré.
    Los vinos del local proceden de la bodega del turco. Vinos cuidados con curiosas concepciones: la botella de la mesa es la enésima cata del día haciendo que la jornada adquiera toques de redención a la altura de Entre Copas. El turco levanta su vaso con cada nuevo comensal que se sienta en la terraza. Se acerca hasta su mesa y les ofrece probar los vinos saludando con claros síntomas de que no es la primera vez que se saludan. He’s a billionaire, dice al regreso. Quién lo diría, dice la mente del turista ibérico: ¿tanto se ha de parecer un billionaire al mito del techie multimillonario gracias a la bolsa y los capitales de ventura, con sus pantalones cortos y su aire de universitarios eternos?
    La siguiente parada incluye el saludo de una mujer madura de aspecto elegantemente clásico. Formal y sonriente, me da la mano incluso a mi. «¿Quién es?», digo. «Fué Miss America». Retorno al Bentley a ver las vistas del campo de polo desde la terraza del turco: después de todo, parece que su rosebud es únicamente subirse al caballo y competir. Es un caballero: pagará las deudas.

    Antídotos intelectuales contra la mierda de toro (V)

    10 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    Para los crónicas de quienes narren en algún mañana el pasado quedará el juicio de si la decisión del Comandante de iniciar una sutil retirada es la purga de Benito: si no sirve ni para ellos, seguramente no servirá ni para Chavez. O Evo. Pero el Tiranosaurus Rex lo que no es, es un perdedor: salvo accesos de demencia senil, la broma no puede ser inocente. Pensar que el sistema se suicide sin ayuda externa inspirándose en Ramon Sampedro no parece coherente con la preferencia por cambiar todo para que no cambie nada tan cara a los humanos con poder. Presos fuera, anuncios sorpresivos… en alguna pizarra tiene que haber un diseño. Otra cosa es que la glasnot no sirvió para nada. O puede que por la glasnot todo terminara en derrumbamiento. Y, de eso, El Caballo tomó nota.
    (pero lo peor de la inservibilidad es la cara de gilipollas que se te queda)


    (breaking news: rectificaciones y cortinas de humo aparte, sí que había una pizarra… ya es revolucionario despedir funcionarios, qué cosas)

    Consejos financieros de andar por casa

    10 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    Invierta en fabricantes de enchufes y en instaladores eléctricos. Miro anoche con envidia a mi amigo Javier que ha llegado en vuelo de Continental con enchufe en el asiento de turista. Renfe pone enchufes en todos sus vagones y a cada evento que acudo participo de la pugna por acaparar los enchufes de los salones de conferencias.

    Evocación de una fábrica de sueños transatlánticos

    6 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    Goirigolzarri viaja a la captura de héroes: repasando los avatares de la independencia americana, tropieza con un bilbaíno y un malagueño. Sus historias son conocidas, aunque por todos olvidadas aquí y allá: la monarquía española hizo todo lo que pudo por socavar el poder colonial de su graciosa majestad británica, repartió dinero y sus capitanes vencieron en batallas decisivas para inclinar el resultado de la guerra.
    La tesis es simple y no nueva: dada la fuerza del mito fundacional en los EE.UU., es provechoso para los españoles el ser percibidos como parte de la herencia cultural esencial en la creación nación americana y prestigiar y valorar la lengua y cultura españolas para ponerla al nivel de la de los padres fundadores. Por mucho menos, podríamos decir, la Francia de Lafayette se ha llevado su crédito. Y estos créditos en forma de narraciones y leyendas terminan siendo comercio. Y el comercio es prosperidad.
    De Ugarte introduce un rasgo fino en la propuesta de recreación de estos relatos:  el beneficio sería más amplio, sería de provecho para el mundo hispanoparlante en su conjunto. Un servidor de ustedes pretendía llegar más lejos: la creación de una conexión entre España y lo español como acto reivindicativo de la herencia de toda la comunidad hispánica de EEUU sería la forma de  demostrar su americanismo y su pertenencia por derecho a la esencia misma de la fundación del país que niega los visados: diversos en sus tradiciones, desamparados, despreciados y, salvo la tradición puertorriqueña de apoyo en España como defensa de su identidad, el sentimiento anticolonial perdura como prejuicio para la construcción de un relato que apoye la identificación anglo-hispana como un único complementario.
    Un paseo por las realidades y conflictos de lo que se viene en llamar comunidad latina en Estados Unidos los mostraría faltos de referencias para poder desarrollar todo el potencial de una identidad propia a la altura de la identidad anglo dominante: no sólo es la falta de legitimidad para formar parte del país que mostraría el peso y la conciencia de la emigración ilegal, sino la propia reacción de los sectores norteamericanos clásicos al temor de la aparición de una lengua que hace la competencia, una demografía imparable y la preservación, a pesar de todo, de unas tradiciones culturales que no se diluyen en lo gringo. Pero, por otro lado, coexiste la visión de lo hispánico como símbolo de valores contrarios a la ética protestante, valores propios del orgullo yanqui: su capacidad empresarial y de trabajo, su penalización de la negligencia y su castigo a la corrupción.
    Pero existen héroes suficientes para hacer la conexión entre el pasado y el presente: varias generaciones hispanas en EEUU han crecido alimentadas con productos Goya. Goya nace de la presencia española en Nueva York a principios del siglo XX como una forma de disponer de la tradición culinaria española. Una corriente migratoria que, curiosamente, da lugar a autores literarios en inglés como Felipe Alfau y que, si bien pequeña, ha dejado sus rastros. Goya es uno de ellos y es una ejemplo de éxito de emprendedores, un empresario además que encarna a la perfección el mito del sueño americano. Mitos para contribuir, de paso, al mismo ansia por el emprendimiento que está unido a la exploración de Goirigolzarri. Dicho de otra forma, los mimbres para una narración que una el comercio en el espacio triangular entre el sur de los Estados Unidos, los mismos Estados Unidos y España están preparados para quien quiera usarlos.
    Y aquí comienza la miseria. Las instituciones que representan el nacionalismo español son incapaces de crear, sostener y desarrollar los mitos que hagan posible la subsistencia o, al menos, la renovación del imaginario de su comunidad tan poco real como deslegitimada por sus supuestos integrantes. CNN en español aporta la visión hispanoamericana gestionada desde Atlanta. La Rusia que recupera su sueño imperial inunda el mundo con sus canales de noticias 24 horas en inglés y en español, China emite sus noticias en perfecto en inglés británico y hasta Korea tiene emisiones en español para Hispanoamérica. Pero, con todo, el ejemplo de creación de una agenda propia, de la aportación de un punto de vista no supervisado por el anglomundo con las mismas reglas de profesionalidad y gestión que ha creado la eficiencia anglo es Al Jazeera.

    Al Jazeera es capaz de dar una visión propia del mundo árabe hasta incluso entrar en conflicto con instituciones árabes. Da voz a los que usualmente no tienen voz en árabe y en inglés. ¿Podría una RTVE dedicada a la propaganda electoral y a la recreación de los anticuados mitos de la derrota republicana y el antifranquismo romántico disponer de eso que antes se llamaba una visión de estado, ser inventores de una emisión capaz de crear una agenda propia del universo hispanoamericano e introducirse en la realidad del mundo en español de EEUU como el nuevo punto de vista, en español e inglés? El Telesur de Chávez tiene más mérito, con su desternillante sesgo, que todas las emisiones de eso que llaman el canal internacional, vergüenza de diplomáticos y exportadores del Reino de España.

    Pero la incompetencia de los centenares de millones de euros invertidos en pérdidas de televisiones públicas que subvencionan equipos de fútbol y nuevas identidades obligatorias, no termina allí. Sin pasar por las calamidades de medios y actitudes del servicio exterior español, la política cinematográfica destinada a defender la identidad española (y, claro, supuestamente la de las plurinacionalidades españolas, ese mito fracasado de la Transición) en forma de excepción mercantil y en nombre de la cultura, es totalmente incapaz de crear una corriente sostenida de producto que sirva para triunfar en el primer mercado del mundo, el mercado que genera las tendencias de entretenimiento y, por ende, culturales por encima de cualquier otro: no sólo Santa Claus es de color rojo por culpa de coca-cola, sino que pasa a formar parte de los ritos familiares de medio mundo por culpa del cine.

    Décadas de protección del llamado cine español como avecillas heridas caídas de un árbol de una especie protegida, no han servido ni siquiera para que aparezcan estructuras empresariales que unan los mercados de lengua castellana. Sólo se es capaz de disponer de un paternalismo destinado a mantener la actividad de los buscadores de rentas. El fracaso es de tales dimensiones que resulta ridículo de puro patetismo la insistencia en medidas y medidas de protección de lenguas y mercados mientras que su verdadera razón de ser, la de la lógica del estado nacional, no se cumple.

    ¿Es la construcción de una fábrica de sueños transatlánticos una necesidad para los nuevos mercaderes de la era electrónica? ¿Pueden y deben hacerlo ellos?

    Cacheo

    5 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    El tipo, guapísimo, matonísmo, repleto de gomina y de brazos como mis piernas tras una chaqueta que luego me pregunto si esconde un revolver, no hace más que decirme que suba los brazos. Yo, no entiendo nada. Estoy en la puerta de un bar que se me antoja capaz de darme un sandwich, llueve con una intensidad lo bastante como para pensárselo antes de caminar mucho y, más que hambre, quiero tener algo que hacer. Esencialmente, una toma de contacto.
    Estuve en Costa Rica hace quince años y recuerdo una playa singular. El vacío. Una vasca como escondida del mundo tenía un hotel decente semioculto en la semijungla que subía por las laderas tras la arena. Incluso era capaz de tomar el pescado local y darle un toque a la ondarresa que convertía ese lado del orbe en el mejor de los mundos a pesar de la falta de agua caliente y la humedad de las habitaciones. Alguien me dice que, en esa playa, hoy los edificios han crecido por doquier y que el entretenimiento habitual del turismo de masas ha hecho su aparición. No quiero ir a desengañarme: para mi siempre será una carrera por la arena bajo la luna repleta de risas y lágrimas con una ella que ya no es.
    Pero el tipo insistía en que levantara los brazos y yo, con mi libro electrónico en la mano y temiendo siempre por un carterista que me quite los billetes de colones que, por prudencia, son los únicos que llevo, sigo sin entender nada. Con energía pero sin displicencia me muestra lo que quiere y voy y lo entiendo: levanto los brazos y me palpa el cuerpo en busca de armas. Se me ha olvidado que, Suiza de América o lo que queramos, después de todo esto es Centroamérica. Y que las rutinas novelescas, pura aventura, que viví a los lejanos veintiséis años en Guatemala, que tanto chocaban a los europeos de calma chicha, aquí siguen: las armas forman parte de la vida. 
    Una vez más, como siempre que cruzo el charco, violencia o exceso de lujo aparte – Los Ángeles -, me quedo pensando en que Europa es un museo. A la salida, el matón era pura amabilidad conmigo, deseando verme de nuevo, esa dulzura sudamericana que contrasta con la permanente brusquedad ibérica.

    "Soy de Camerún"

    4 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    Daban ganas de decirle que se ahorrara la conversación. Entiéndase: no dijo «me llamo fulano». Con una camisa de la selección camerunesa de fútbol, con un obvio número nueve y el nombre de Samuel Etoo a la espalda, con una muñequera con la bandera de Camerún, la información del muchacho no aportaba demasiado. Pero me sentí estúpidamente culpable de no dar conversación en los siguientes intentos del periplo de once horas que teníamos delante, tan educado era.
    Así, como a la sexta vez, dejé que la ayuda con el castellano, la comida y las azafatas se fuera más lejos para conocer los misterios de nuestros destinos. Había volado de Yaundé a Casablanca, de Casablanca a Madrid y de Madrid a San José, Costa Rica: destino asombroso a mi juicio. Especialmente cuando no habla una palabra de castellano. Tres meses, creo recordar, le esperan para estudiar la gestión de la resolución de conflictos en la Universidad de la Paz que hay en este país con el patrocinio de Naciones Unidas. Hallazgo que debo a su conversación y que no dudamos en atribuir al papel costarricense en los eternos conflictos de Centroamérica. ¿Pero qué fue a hacer a Castellón? Su anterior vez con presencia en España acude, sin conocer tampoco una palabra de castellano, a una universidad – ¿Jaume I? – para otros estudios que, más cosas que aprendo, también fueron en inglés.
    El mundo siempre sorprende. Le dejé mi tarjeta. Prometió ponerme al día. Espero saber qué conflictos quiere contribuir a resolver. Y, si llega el mail, su nombre.

    Chinos

    2 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    Cuando algo está en una tienda, es porque se vende. Así que sobrecoge mucho y da que pensar sobre el concepto de erotismo que complace al pueblo llano que se pierde en las estanterías de un todo a cien chino: el vestuario femenino de noche que tienen bien ordenado e imposible de evitar con la vista no parece posible ni en las fantasías más desquiciantes.

    Estábamos familiarizados con esas tiendas donde trabaja toda la familia día y noche, pero en este templo de cerámicas de tres al cuarto, zapatillas de duro, cassetes analógicas y porno a tres euros las cinco películas, una muy concreta de Burgos, los empleados son una dominicana de buen ver y un típico ejemplar ibérico de la generación ni-ni. La jefa china – respira autoridad – no para de hablar por el móvil a pie de tienda mostrando en todos los rasgos de su aspecto (vestuario, salud) una cosa no muy diferente a lo que entendemos por prosperidad.

    La calle Leganitos de Madrid va camino de convertirse en Chinatown. Después de ir tomando los comercios uno a uno y crear peluquerías y tiendas de informática, aparece un restaurante distinto. Un buffé libre de colores brillantes, marmolería y mesura: la tendencia a crear fallas de los orientales tiene aquí una asepsia sobria, cuasi zen aunque les toque Confucio, y detalles arquitectónicos para discapacitados que nadie esperaría en el templo del rollo primavera de la esquina. Los empleados tienen todos aspecto chino. Pero los clientes que aparecen, además de geeks con mochila, son jóvenes que recuerdan los affiches de los modernos de Hong-Kong. La comida es buena en esa versión de la comida cantonesa verdaderamente única que hay en España. Por aquéllo de su semejanza aproximada.
    Ya no sé dónde leí que en cierta región de China gustan del jamón ibérico y del aceite de oliva: resulta que nuestros chinos vienen casi todos de los mismos pueblos. Y, las identidades, mutan: yo como una comida china que no es china hecha por chinos que ya no son chinos, aunque se supone que yo no tenía que comer nada chino porque no soy chino. El mundo me es incomprensible sin salsa de soja.

    Acabáramos

    2 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    Parece que, definitivamente, dios no existe. El siglo XXI es apasionante.
    (el caso es que no me entra ningún deseo infinito de leer a Sartre)

    Poesía para antipatriotas

    1 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    «Y es que suele ocurrir que los que se creen los depositarios de las esencias son los causantes de las diásporas»
    Goirigolzarri.

    Era verdad: el alcohol conserva

    1 septiembre 2010 por Gonzalo Martín

    José Miguel brinda por ello. Yo pierdo mi cargo de conciencia: los bebedores viven más. Positive. Lo dicen los científicos. Misterio contra el sentido común. Lo que le intriga a mi mente perversa es qué pueden decir los estados ahora para cobrar más impuestos a todo lo que tenga alcohol con la excusa de nuestro propio bien y una moralidad fuera de toda duda. En fin, levantaré mi codo con una Magnífica en la mano para prolongar mi vida.
    (el truco reside, al parecer, en que las copas, claro, ayudan a las relaciones sociales: señores y señoras, esto explica por qué hay que llevar a tus clientes a comer pero, especialmente, montarles fiestas. Todo fluye, vendemos más y somos más felices. Todo esto sin entrar en las consecuencias para la libido y tal y tal…)

    Definitivo: el vudú es superstición

    31 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    No ha muerto el alcalde ni ningún concejal tras los dos meses de martillo neumático debajo de la ventana de mi morada.

    Los vampiros no pueden con un bala perdida

    30 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    Habrá miradas, personajes, construcciones. Niños frikis y vampiresas de nuevo cuño. No digo que no tenga su gracia. Allan Ball daba más de sí, o puede que sea una cuestión de carácter. Preferir escritores incapaces envueltos en dependencias irresueltas (whisky, tabaco, mujeres que no se buscan) pero, finalmente, románticos hasta el error, no deja de ser egocentrismo o una mente chapada a la antigua. Ruego me disculpen. Hank Moody es mucho mejor que Bill Compton, dónde va a parar: «She said one thing, I said another. Next thing I knew, I wanted to spend the rest of my life in the middle of that conversation». Una tormenta perfecta.

    Ciencia Ficción Contemporánea (III)

    29 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    Aún en cierta manera obsolescente y en versión creepy «Dante levantó una gran polvareda en Estados Unidos cuando en su entrega para la serie de televisión Masters of Horror especuló con que sucedería si los soldados muertos en la guerra de Irak se levantaran de sus tumbas para ir a votar». Continuemos la historia desde ese punto: los muertos, desengañados por la imposibilidad legal de ser reconocidos como ciudadanos estadounidenses, se convierten en mercenarios imposibles de volver a matar con sistemas convencionales. La fidelidad de los marines se torna en ley de hierro convertidos en espectros y crean una red de minirepúblicas y ciudades estado en entornos sin ley:  de Liberia a Somalia, son capaces de sostener un orden pacífico a cambio de controlar comercios decisivos. Pero el momento álgido se produce cuando toman el control del Khyber Pass a sangre y fuego y los pashtunes, asustados, acceden a un protectarado por parte de los muertos: los unos proveen de armas y heroína, los muertos garantizan la independencia de las zonas tribales frente a un Pakistán que se disuelve. La ferocidad y superioridad combativa sobre el terreno de los espectros se hace legendaria y los temores se hacen infinitos. Sin dueño y sin temor a ninguna consecuencia, aceptan cualquier misión que aumente su riqueza. Es entonces cuando Israel descubre que Hezbolá negocia crear una nueva república de soldados muertos en el sur del Líbano a cambio de concesiones petrolíferas iraníes y la promesa de abrir camino hasta Jerusalén.
    (¿podrá el genio judío encontrar la forma de matar a los muertos? Aclaro que este argumento está, desde ya, en dominio público, actúen sin rubor rodando el primer capítulo)

    ¿Me leerá?

    29 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    Eso es una incógnita y lo demás puñetas.

    Coca-Cola gourmet

    28 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    Me extrañó comprobar que existen gourmets de la coca-cola: preguntan en los locales de hostelería por el origen de la cocacola que van a recibir: botella, lata, sifón. La quieren fría y con el hielo muy mesurado para evitar que se agüe y la gasificación se pierda a toda velocidad. El delirio se alcanza cuando se prueban las cocacolas que siguen existiendo en Estados Unidos o en la misma Jordania donde, tan solo impregnar los labios del brebaje, se produce un súbito retorno a la infancia y uno se asombra al comprobar que eso era la cocacola que conoció. Paréntesis: al educar a varias generaciones ya en sabores diferentes, esta sensación no la tienen, no la pueden tener, los nuevos gourmets. Pero más extrañeza me produjo conocer que existen gourmets de la Pepsi.

    Arcadia

    26 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    Que el canto del gallo te despierte a las seis de la mañana tras un silencio nocturno inexistente en el mundo urbano, resulta bucólico. Que siga cantando hasta las nueve y media, te recuerda la tradición francesa de cocinar las crestas y ponerlas para almorzar.

    Imaginarios

    25 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    Era norma en el cine y la televisión de los sesenta, setenta y seguramente los ochenta presentar al hombre de pueblo como ignorante, sin luces, portador de una vida miserable de la que es fácil burlarse.El paleto era rudo, ingenuo y pasto de la risa de un urbanita que no hacía mucho había dejado la aldea.

    Un día la publicidad empezó a presentar a los mismos aldeanos como gente sabia, hábil, capaces de engañar al ignorante de ciudad: vestida sin diferencia como los mismos aldeanos del cine anterior, ahora la campesina era una astuta señora que hacía pasar una conserva por su guiso casero. La gente de las cooperativas lecheras (¡pastores!) eran heroicos luchadores contra las multinacionales lácteas y la ingenuidad no era ya estupidez, sino bondad.

    Los comerciantes y empresarios en las series de televisión españolas, son siempre parafascistas amigos de la estafa, la extorsión al emigrante, la chapuza irredenta, el tocomocho y la usura. Si es honrado, sólo es un pobre idealista que no gana dinero a costa de los demás. ¿Son los mismos ciclos?.

    Apuntes para la formación del perfecto objetor fiscal (XXI)

    22 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    La tentación constante al regreso de la economía planificada.

    Ciencia Ficción Contemporánea (II)

    16 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    En una fecha no lejana…
    Las drogas son legalizadas en Estados Unidos. Comercio, producción y consumo. Los carteles de la droga mexicanos dan un golpe de estado encubierto: la violencia desaparece de las calles, pero el parlamento de Mexico anula las leyes de patentes y reducen los derechos de propiedad intelectual a seis meses. Ni rastro de una agencia dispuesta a forzar su cumplimiento. Las mafias de la droga mexicanas producirán legalmente medicinas sin patente inundando el mundo de medicamentos sólo legales en México e introducidos de contrabando en prácticamente todos los países. El cine americano al completo es accesible desde servidores mexicanos. En año electoral, el Congreso de EEUU lanza un ultimátum a Mexico. Pero la población de Nuevo México, Arizona y California de origen mexicano con derecho a voto hace imposible que el candidato elegido no se comprometa en público a respetar la frontera de Río Grande.
    (y ahora, elijan un héroe, una misión y los obstáculos para alcanzarla: ¿de qué lado están?)

    Ciencia Ficción Contemporánea (I)

    10 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    Google se compra Sony. Súbitamente los catálogos de la antigua Columbia pasan a visionarse de forma privilegiada y rotunda en YouTube. Los televisores Sony conectan con Youtube a las mil maravillas y con una presencia en la home del televisor verdaderamente priorizada. Los otros estudios ven que pierden ventaja de imagen aunque Google monetice peor el contenido. Pero da igual: pagarse una macroproducción estará destinada a fines mucho más integrados, esparcidos y completos ¿a quién le importa el DVD?. Sony lanzará teléfonos Android a precios revolucionarios y con funcionalidades impecables. En gmail aparecerá un mapa con los amigos geoposicionados.
    En la ciencia ficción no existe el antitrust. En la no ficción, todo depende.