• No hay elementos.
  • No hay elementos.
  • La originalidad apurada

    4 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    La cinefilia acordó atribuir a los franceses de Cahiers du Cinéma el hallazgo de que los grandes de Hollywood, los Griffith, los Ford, los Hitchcock et al, eran autores y no meros directores. La disquisición autoril, pendiente por supuesto de sus ingresos y no de la legitimización del arte, no dudó en que la ley decidiera quiénes eran los autores de una película, pues optó conceder el don a varios: director, guionista y músico.
    Muere un director de arte y el medio por antonomasia no duda en titular su obituario con palabras de esta índole: «autor de las escenas míticas de Hitchcock». Un autor inesperado que no cobrará del reparto del botín. ¿Quién es autor? Momento coincidente con la preocupación del New York Times por reseñar la pugna de quienes bucean en la honestidad académica de los estudiantes de norteamerica ante la apabullante cantidad de personas que no citan sino pegan sus textos directamente de la web.
    Sentencias para el recuerdo: «There’s no such thing as originality anyway, just authenticity.” Afirmación de la feliz adolescente alemana autora de un auténtico éxito sobre la vida nocturna de Berlin y designada como la orgullosa empleadora de párrafos no redactados por ella. La contraparte: «Student writing exhibits some of the same qualities of pastiche that drive other creative endeavors today» y se menciona expresamente al rap, a los programas de televisión y a tantas cosas que hoy se llaman remezcla.
    Conocimientos, ideas y barbaridades disponibles ahí, en todo momento para cualquiera: la originalidad como mito se tambalea, la dificultad de agradecer quién inspiró a quién creciente. O a lo mejor no. 

    El fútbol contado y los toros llegan al nirvana

    1 agosto 2010 por Gonzalo Martín

    «Es vecino mío y nos unen muchas cosas, entre otras la búsqueda de la verdad»

    ¿La encontrarán? José Ramón de la Morena sobre José Tomás.

    Cornudos

    30 julio 2010 por Gonzalo Martín

    El ruido insoportable de los desgarros por la supresión nacional de la fiesta nacional en la nación catalana no deja oir a los pájaros del bosque: ¿alguien recuerda una votación en un parlamento de Carpetovetonia en el que hubiera incertidumbre en el resultado y que gran parte de sus miembros tuvieran libertad de voto? Zozobra emocionante llegar a pensar que incluso es posible que los ancianos de la nación tienen conciencia por unas horas y la teórica condición de representantes de sus electores tiene visos de ser cierta. Asombroso el hecho de que nadie repare en la condición natural de la libertad de voto y no lo contrario. Dicho en plata, la democracia sin adjetivos ni apellidos, es un subidón. Los derrotados, que se supone que representan a otros derrotados, se olvidan de que bajo las mismas premisas pueden provocar en algún momento futuro una nueva votación. Tanto grito sobre el toro para comprobar que el cornudo es el de a pie.
    [Oigan: y sin encontrar la forma de haber dicho la lidia para hablar de las corridas, un término tan poético y heroico que, ausente, me deja sin flores el verbo]

    Don

    25 julio 2010 por Gonzalo Martín

    El reportero de la fórmula uno lo dice así: «Don Emilio Botín». Cuando continúa refiriéndose al banquero, dice «el señor Botín». Ningún otro personaje de la retransmisión tiene el calificativo de Don, Señor o diríamos que de usted. Ni siquiera los telediarios llaman al presidente del gobierno «señor zapatero». Será porque el reportero da por hecho quién manda. O es que es así de pringao.

    Los hechos mutantes

    25 julio 2010 por Gonzalo Martín

    El titular de primera página:

    «He pasado muy malos ratos y noches sin dormir por la crisis»

    El titular en páginas interiores:

    «He pasado noches sin dormir»

    Lo que reproduce el texto:

    «He pasado alguna noche sin dormir»

    La pregunta:

    «No me diga que incluso ha dejado de dormir a pierna suelta.»

    Ante:

    «He pasado ratos muy malos, la verdad…»

    Pero lo mejor es que el único sueño perdido que se reconoce fue:

    «La noche del 9 al 10 de mayo la pasé en blanco, primero en contacto telefónico con la vicepresidenta, que estaba negociando en el Ecofin [consejo de ministros de Economía de la UE] nuestro compromiso de reducir el déficit un punto y medio más, que supuso un esfuerzo grande para nosotros. Luego estuve a la espera de ver cómo reaccionaban los mercados. Digamos que pasé la noche esperando al índice Nikkei.»

    La primera impresión, es que estábamos ante la luz incombustible de El Pardo mutada en «he perdido mi libertad para que otros la ganen» en la era Felipe. Pero resulta que se trata de que la realidad no te estropee una buena noticia. Lo mejor es que quieren que Google y nosotros paguemos por esto.

    Ea!

    22 julio 2010 por Gonzalo Martín

    Una compañía de ballet, taurina ella. En el mismísimo metro.

    Perjuicios, miedos, posturas ideológicas… (¡piratas!)

    19 julio 2010 por Gonzalo Martín

    «Las actuales políticas están teniendo efectos devastadores. Alimentan la epidemia de sida y traen consigo violencia, un aumento de los índices de criminalidad y la desestabilización de estados enteros. Y, lo peor de todo, es que no reducen el consumo de estas sustancias. Como científicos estamos comprometidos a elevar nuestras voces para promover políticas que reconozcan que la adicción es una enfermedad y no un crimen«
    Trate el lector inteligente de cambiar las palabras enfermedad, sida, violencia, criminalidad, etcétera con esas otras que hablan de piratas, descargas ilegales, top manta y sus sinónimos y tendrán un panorama familiar. Pero nada como mirar el corolario para, tras hacer el mismo ejercicio, ver los paralelismos inquietantes entre persecución de drogas y persecución de servidores lejanos:
    «En América Latina, el único resultado de la prohibición ha sido el cambio de las áreas de cultivo y cárteles de un país al otro, sin reducir la violencia ni la corrupción que genera el narcotráfico», reconoce el ex presidente Cardoso, para quien «en vez de apegarnos a políticas que han fracasado y acarreado consecuencias desastrosas, debemos dirigir nuestros esfuerzos a la reducción del consumo y la reducción de daños. Las políticas represivas están firmemente basadas en prejuicios, miedos y en posturas ideológicas. La manera de salvaguardar los derechos humanos, la seguridad y la salud está relacionada con estrategias de paz y no de guerra»

    Lessig contra el mundo

    18 julio 2010 por Gonzalo Martín

    Estas licencias son, obviamente, copyright. Dependen en un firme y confiable sistema de derechos autor para que funcionen. Por tanto, CC no tiene interés en socavar el mismo sistema del que dependen, el copyright. En realidad, es lo contrario, el sistema CC sólo pretende fortalecer los objetivos del copyright dándole a los creadores un sistema más simple para ejercer sus derechos.

    Todo esto lo escribe a propósito de que esa otra encarnación del mal que es la ASCAP se propone pagar a los consabidos lobbys para evitar la extensión y propagación de las licencias creative commons. Con Lessig uno siempre tiene la incógnita de si es un enano infiltrado y dice estas cosas para salvar los muebles mientras se produce el derrumbamiento completo del sistema. Porque difícilmente puede dudarse en una mente despierta de que el problema reside en el copyright, no en la voluntaria cesión de permisos para evitar los problemas del copyritght. Es decir, que difícilmente puede una inteligencia tan capaz de desmenuzar la desnudez del rey no darse cuenta de la fuente del problema. Si no es porque no quiere que le llamen comunista o cosas peores y sea menospreciado y no tenido en cuenta por cuestionar la propiedad.

    Del tratamiento del alcoholismo como terapia editorial

    18 julio 2010 por Gonzalo Martín

    Se lo dicen a los defensores de la democracia por antonomasia:

    La era institucional de los periódicos es agua pasada

    ¿Cómo puede uno pasar de ser o creerse ser la esencia del sistema a, simplemente, ser uno más? Tan interesante es la conclusión de los fundadores de The Politico como el relato del conflicto con sus empleadores, la no menos vaca sagrada Washington Post. Por supuesto, no vieron que el mundo cambiaba: es un clásico, porque cuando tienes demasiadas cosas que conservar no tienes incentivo o intención de hacer aquello que implica perderlas.
    Mi yogui de referencia nos insiste en los costes del apego a cosas y sentimientos. Los libros de literatura empresarial se llenan de casos de triunfos que tornan en fracaso y de leyendas de empresas matusalénicas de las que se saca la lección de su adaptación a los cambios. Be water, my friend. Las discusiones sobre el futuro editorial están plagadas de reflexiones sobre los modelos de negocio hablando y volviendo hablar sobre los ingresos. Pero nunca discuten sobre los costes: la simple pregunta del número de metros cuadrados que ocupan para hacer sus textos debiera ser el punto de partida.
    Del alcoholismo y las adicciones se cuenta que lo primero es ser capaz de decírselo a uno mismo. La aceptación. Dicho en términos menos felices, la resignación a la enfermedad. El reconocimiento del daño a ti mismo y, no es menos, al entorno afectivo. ¿Puede el periodista y su empresario repetirse a si mismo «no soy una institución»? ¿Decirlo en voz alta o publicarlo en primera página? Buena pregunta: para el tribulete la caída del guindo puede manifestarse en la fuga y la creación de su propio medio – con los costes indemnizatorios españoles, es un incentivo exactamente para lo contrario – mientras que para el editor es, simple y llanamente, una opción imposible: dejar de ser.
    Las toxicomanías suelen incluir otros procesos como el de la sensación de control de la propia adicción. Que tomando un poquito y haciendo deporte eso no les va a pasar. Se llama Libranda y todos sabemos lo que va a pasar.

    Deprisa, deprisa

    18 julio 2010 por Gonzalo Martín

    Pubertad. A Juan le cambió la voz. Ahora piensas en todas las semanas en que no le has visto.

    Apuntes para la formación del perfecto objetor fiscal (XX)

    16 julio 2010 por Gonzalo Martín

    Rehenes:

    «Aún cuando en el caso de los clientes privados puedo entender la desviación de responsabilidad, siempre me he negado a que el Estado me exija con una mano la devolución de un importe cuyo abono retiene con la otra mano»

    Finalmente, no hubo espacio para la duda

    12 julio 2010 por Gonzalo Martín

    Ver al presentador principal, seguramente autoproclamado periodista, con una camiseta de fútbol puesta (¿hace falta decir de qué equipo?) confirma con rotundidad la afirmación: el periodismo ya es únicamente entretenimiento.  Y, si es periodismo deportivo, un parque de atracciones.
    [Como contrapartida, leo que un diario holandés titula: «España gana en la prórroga a la Naranja». Es decir, sujeto, verbo y predicado; la narración de un hecho. La versión local es oé, oé, oé. Pero parece lógico: en un tiempo en el que todo el mundo conoce el hecho, lo que importa es la emoción del relato]

    Las zonas de sombra del circo mediático

    11 julio 2010 por Gonzalo Martín

    ¿Saben periodistas, reporteros y tribuletes que no trabajan para empresas de noticias sino para empresas de entretenimiento? Dicho fino, de contenidos. La ignorancia de este principio que puede considerarse universal conduce al discurso habitual de desgarro interior del periodista por su cada día menor relevancia como narrador de la realidad, o como protagonista de ese sueño etéreo de la objetividad. Ansiosos de dar noticias, algo que les llena de sentido trascendente al creerse un poder de la sociedad, piensan que todo consiste en titular y entradilla.

    Después, claro, llega un joven reportero enviado especial y dice en pleno orgasmo de cobertura que los negros han estado discriminados en Sudáfrica mucho tiempo, algo parecido a los españoles en los mundiales de fútbol. Hombre, no. Ni de lejos. Ni tiene que ver. Pero son un medio responsable y perteneciente a un grupo merecedor de licencias, ayudas y favores legislativos en nombre, otra vez, de la responsabilidad.
    [Lo de Cuatro hoy es una nueva definición del onanismo. ¿Qué se puede contar durante seis horas antes de un partido de fútbol? Durante un poco de rato, análisis y prospectiva. Durante un rato más, entretenimiento. Al cabo de un poquito más, un aquelarre. En estos casos es prudente recordar que lo peor de perder es la cara de gilipollas que se te queda. Y cuanto más recurso previo a Onán, más cara de gilipollas]

    Felón

    9 julio 2010 por Gonzalo Martín

    «Os pillé», dice Neus por mail. Los pillados somos Juan y servidor. Mejor reescribo: los pillados somos presuntamente Juan y servidor, porque servidor no tenía noticia del ¿atropello?, la gracia del felón Granados. Un ardid, una complicidad, una de camaradas y de todos a una. Neus termina el segundo Sartine y el momento estelar en que sus cejas se vieran levantadas tuvo que ocurrir más o menos aquí: :

    ...pero, si pudiera elegir, prefería sin lugar a dudas que fuese el tuerto Benito Marín quien los acompañase.

    Benito Marín era un canalla y un borrachín redomado, un verdadero hijo de perra de los muchos que florecían por generación espontánea a ambas riveras del Plata; nadie conocía sus orígenes, si es que los tenía, y bien pudiera ser vástago del mismo diablo Asmodeo, pero nadie como él conocía el camino y los mil peligros que acechan tras cada recodo, era capaz de oler y conocer los rápidos y los saltos de agua treinta millas antes y los bajíos y las piedras que velan, el más ínfimo detalle de cambiar del día a la noche por efecto de las crecidas o las sequías se modificaba su mapa mental antes que en el de cualquier otro ser vivo, humano o animal, y aquello era lo esencial. Si Benito Marín Alcrudo, ese era su nombre completo, estaba libre de mayor quehacer y dispuesto a acompañarles, él y no otro debía ser el elegido.

    Mi padre salió bautizado hijo de Martín y mi madre hija de Alcrudo. Y yo me siento como una encarnación del Calendario Zaragozano.

    Austeridad forzosa

    9 julio 2010 por Gonzalo Martín

    En el mundo del horizonte del capitalismo la austeridad existe porque nadie puede permitirse la exuberancia durante mucho tiempo ya que será desplazado por el más austero

    Urrutia

    (¿todos chinos? En casa de Ugarte nos preguntábamos en qué consiste realmente la austeridad. Pienso: resulta que llevo un huevo siendo austero. Austerísimo)

    Paisajes después de la batalla

    6 julio 2010 por Gonzalo Martín

    «Algunas abejas pierden la noción, la orientación y mueren dejando un rastro de alas, aguijones y melaza»

    Una miel inesperada.

    Aquí si podría entrar Humphrey Bogart

    5 julio 2010 por Gonzalo Martín

    Cita con la historia

    4 julio 2010 por Gonzalo Martín

    La banalidad de la prensa deportiva casi no requiere comentario. Pero, en el país trágico, ese que se supone que superó su complejo de inferioridad crónico cuando ganó su Copa de Europa de Fútbol – una excelente excusa para ampararse en la chapuza y en el jamón para no sentirse responsable de nada – los detalles tienen el interés que tiene siempre lo autóctono por el contraste de la diferencia.
    Nada como la pelota para hacer antropología con los entremeses: ¿nadie repara en que llamar histórico a algo que no es más que quedar el cuarto es, simplemente, ridículo? Repiten que nunca había pasado y por eso es histórico. Debe ser un síntoma: el nivel de exigencia con el que se miden las cosas es bajo. Así debe ser para todo, con el agravante de convertir la identidad colectiva y el destino común en proeza mínima o en tragedia irresoluble e inevitable si no se gana.
    Tendría tintes de pesadilla si no es porque produce un aburrimiento mortal.

    La venganza del destino

    29 junio 2010 por Gonzalo Martín

    Estaba el hombre feliz orondo con su círculo virtuoso. Pero pronto se tornó en vicioso: un disco duro muerto y en coma, un móvil que te deja sin habla, la puerta de la lavadora que se te queda en la mano, el cajero automático del banco inservible y el reparador en camino; huelga de ferroviarios y caos aledaño, el comercio fuera de stock. Y, ayer, unas fiebres que me tenían derrotado y marchito: ojeroso y envejecido. Pero esto último debe ser sólo un hecho y no una circunstancia.

    Así, sin quitar una coma, porque «lo peor que le puede ocurrir a uno es tener al Estado en contra, aunque sea por error y durante un rato»

    27 junio 2010 por Gonzalo Martín

    Punset:

    «Me estremece el espacio tan reducido que va a quedar a los demás para moverse cuando yo me vaya. No hay bestia mayor ni más feroz en este circo que el Estado, que hemos creado entre todos. Se puede uno reír tranquilamente de las multinacionales más poderosas o de países tan ufanos de sí mismos como Rusia o Estados Unidos. Son verdaderos pigmeos, comparado con el Estado de cada uno, que gestiona más de la mitad de todos los servicios y productos generados en nuestro recinto, además de tener los medios para vigilar y efectuar un seguimiento inmaculado de todo lo demás: suspiros, proyectos, productos y sueños.
    Es aterrador constatar que la mayoría de la gente se pasa la vida intentando protegerse de amenazas que son risibles –los vecinos, el ruido, un desamor–, comparadas con el poder omnipresente del Estado. El único poder real, de cuerpo presente, es el Estado.

    ¿Estamos dispuestos a aceptar lo innegable: que el Estado y el ciudadano no son iguales ante la ley, que lo peor que le puede ocurrir a uno es tener al Estado en contra, aunque sea por error y durante un rato? La culpa no es de un personaje atrabiliario o de un partido político anticuado. Es de todos, los de ahora y los que los precedieron modulando un Estado blindado y mil veces privilegiado con relación al ciudadano.

    Fue una idea que parecía inofensiva. Nuestros ancestros nómadas no necesitaban para nada al Estado. Fueron los primeros asentamientos agrícolas a los que se les ocurrió la idea de dar a un funcionario poder suficiente para guardar y multiplicar el primer excedente generado, hace unos diez mil años.

    Aquel poder incipiente de custodiar los primeros activos colectivos se fue transformando, poco a poco, en un poder avasallador. Hasta el punto de que hoy el Estado está blindado y el ciudadano, indefenso: le puede poner a uno en la cárcel antes de saber cuál es la acusación, bloquear su cuenta corriente o incautarse de un coche que considera mal aparcado.

    Los españoles pertenecemos a la categoría de colectivos a los que tradicional e históricamente preocupó mucho más la diferencia de clases y la injusticia social que las libertades individuales. Se perdona mal a los ricos y empresarios la ostentación y el agravio, mientras que los funcionarios públicos pueden difundir secretos, realizar escuchas, propagar infamias y otras mil maneras pergeñadas para el abuso del poder.

    A medida que se fue perfeccionando la gestión de proyectos individuales y empresariales en el sector privado, se descubrió que elevar los niveles de eficacia por encima de un índice ya de por sí elevado generaba costes insoportables. Si quieres que el porcentaje de avería de una aspiradora disminuya del 2 al 1 por ciento, el coste puede ser demasiado alto para que valga la pena aumentar en tan poco la calidad. Este principio no ha sido aceptado todavía en el sector público, particularmente en los sistemas judiciales y fiscales, donde se continúa persiguiendo la injusticia hasta unos niveles de pretendida eficacia que provocan costes intolerables. En Hacienda, rebajar la cifra de 1 por mil a 0,75 por mil de los que evitan pagar impuestos por dar una conferencia puede suponer un coste tan elevado, que es más rentable aceptar que unos pocos no van a pagar por ese concepto.


    Antes de 20 años, incluso en países como el nuestro, se abordarán las reformas para disminuir tanto los atropellos de las libertades individuales por parte del Estado como los cuantiosos dispendios económicos que genera perseguir ciertos niveles de eficacia. Yo ya no estaré cuando esto ocurra y no le digan a nadie, por favor, que lo había anticipado cuando todavía estaba mal visto y casi nadie se quejaba. Como dice el psicólogo Howard Gardner: cuando una idea es fácilmente aceptada es que no es creativa; por este criterio, la mía lo es.»

    [Me lo he pensado: queda incluído dentro del etiquetado selecto de este espacio bajo la categoría de Antídotos Intelectuales Contra la Mierda de Toro. Se ha roto una regla, y es que deben los elegidos estar titulados por su número correlativo. Creo que no volverá a pasar porque éste tenía que titularse así y es, a la vista está, un antídoto evidente]