• No hay elementos.
  • No hay elementos.
  • Malditas casualidades

    10 marzo 2009 por Gonzalo Martín

    Descubren el lugar del cerebro donde residen las creencias religiosas. El periódico es pulcro, advierte de que no prueban la existencia de dios, sólo el hecho incontestable de que la fe y la religión existen. Los autores del hallazgo son una unidad científica que se llama Institutos Nacionales de Trastornos Neurológicos. Qué le vamos a hacer, que diría aquél.

    Globalización en Carpetovetonia

    7 marzo 2009 por Gonzalo Martín

    En la televisión, la decana del colegio de arquitectos de Madrid explica el gran momento de la arquitectura española, la admiración internacional: España exporta futbolistas, cocineros y arquitectos de quienes todos se olvidan. Si hago caso a los papeles, no es infrecuente el traslado de enfermeras. Jodó. Un país que sólo exportaba misioneros. Generalmente navarros.

    España sigue teniendo testosterona

    7 marzo 2009 por Gonzalo Martín

    «Con el pene no voy a defender a mi país. Lo voy a defender con mi alma, mi corazón y con mis ganas de luchar por España»

    No es un sargento de la legión, y encima se llama Aitor aunque sea de Jaén. Que sea transexual es toda una esperanza para la patria pero, digo yo, que malditas ganas de luchar por España o por…

    (En Israel esto no tiene que ser problema, ¿no?)

    Cartilla

    3 marzo 2009 por Gonzalo Martín

    Como procedía en su tiempo, paso a limpio:

    «Compré tinta azul cobalto. La plumilla es tan fina que trastoca la caligrafía todavía más de lo que me lo produjo redescubrir que la paciencia con la escritura devolvía el orden a la mente. Ahora los trazos se afilan y el aspecto de vieja correspondencia se acrecienta. Incluso llego a comprender cómo podía hacerse literatura a pesar de que el papel y la tinta no permiten reescribir ni borrar sin que se pierda el orden y la pulcritud de la redacción. La razón, me parece, es que el relato se tiene que acomodar al trazo y eso lo vuelve mucho más maduro y menos ansioso de llenar el cuaderno de palabras. El estilo me parece que es, indudablemente, otro.»

    Vayón y Navajas conversan

    28 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    El uno saca una cita: «Había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros». El otro devuelve un recuerdo, una razón, «cuando me convencí de que nada que no fuese ayudar a la guerra misma podía hacerse ya en España». Los dos recuperan una voz. Me mezo con su misma emoción y la de todos aquellos que encuentran el hueco que falta, la tradición perdida, el camino que no fue. Adopto la postura de que me dure sólo unos segundos, como un trago lento del coñac más viejo: es mi memoria repleta de arcanos del siglo XX la que sigue meciendo de vez en cuando ideas, pensamientos, posturas. Porque no quiero vivir el presente cometiendo la injusticia conmigo mismo de que mi vida sea una vindicación de un pasado cualquiera. Para ser más exactos, del pasado de cualquiera. Porque ni gané ni perdí una guerra.

    Los tópicos son verdad

    28 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    El Parlamento catalán, el más currante y el Canario, el que más descansa. Una mirada más acerada propia del sentimiento del escritor de estas líneas lleva a preguntarse si de verdad se requiere estar trabajando tanto para esto: más tiempo de discutir leyes, más leyes. Más leyes, más complejidad. Más complejidad, más costes. Más costes, menos normalidad, menos deseo.

    Si no es verdad, lo cuentan muy entretenido

    26 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    «Obras de regulación semafórica de un paso de peatones». Parece que lo ha escrito Forges, pero no.

    Tengo una pregunta y una duda…

    22 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    …que me produce una cadena de reflexiones que pueden no tener cuento y resultar absurdas o una prueba más de miserias morales, relativismos y toda clase de desórdenes que gusta atribuir al presente que se vive.

    La riqueza de lenguaje es tan buena, que lo mejor es juntar aquí las mismas letras que deja el diario:

    Es la alegoría de un país sediento de sangre, de una persona que se lucra con su propia muerte, de unos medios que actúan como buitres. Es la alegoría de un caso que se ha convertido en la gran polémica del momento en el Reino Unido: la muerte en público de Jade Goody, una joven profundamente inculta y hortera que hace unos años consiguió salir de la miseria gracias a la telebasura y que de la mano de los medios y la tragedia del cáncer se ha transformado en una mujer capaz de movilizar al ministro de Justicia, emocionar al primer ministro y a millones de británicos y abrir un agrio debate sobre los límites del circo mediático

    Los a prioris nos llevan a pensar de la misma manera que el reportero poniendo lo mejor de sí mismo para explicar sentimientos que son honorables, pero me pregunto y me pregunto, me pregunto tanto que me puedo equivocar:

    Si la mujer inculta hubiera vendido su historia anterior y la nueva historia para hacer un libro ¿sería un escándalo?

    ¿A un fotógrafo?

    ¿A un documentalista que rueda, luego monta y no emite en directo?

    Libro, fotografía, documental, son palabras que suenan trascendentes y elevadas. Televisión, no. ¿Podría ser todo lo primero arte, incluso provocación artística y lo segundo jamás? ¿Podrían todos los primeros llegar a ser sociología o ciencia y lo segundo no?

    ¿Tiene sentido negar lo que en la vida real existe y que tiene serias posibilidades de ser contemplado por cualquiera?

    La objeción que se puede plantear reside en la actitud: hemos tenido por detestable la exhibición de mujeres y hombres con deformaciones físicas y taras mentales en forma de circo, ferias donde lo detestable no es el sujeto observado sino los observadores, que pagan por degradar a un ser humano, que humillando y burlando a otro ser humano sólo contemplan a alguien esclavizado y no reaccionan ante la infamia degradándose a sí mismos.

    Pero creo que existen alternativas para razonar: ¿puede negársele a alguien la capacidad de ganarse la vida como mejor quiera si parte de una decisión personal que, aún con todos los condicionantes que se desee, no pueda negarse que parte de una elección? ¿puede negársele a alguien la forma de morir en una sociedad que tiene tantos reclamantes para poder decidir ese momento en caso de incapacidad?

    Todo recuerda a la prostitución, como juego entre propiedad del cuerpo, su uso obligado por terceros y la posibilidad de que quien hace uso de él sea el verdadero inmoral, cuando no criminal. Es decir, sería el pagador, los malditos tabloides y las televisiones que hacen de feria para monos, el verdadero degradante, el ente que secuestra nuestra conciencia para comportarnos como miserables morales.

    Y me abandono: ¿y si todo fuera por la construcción de un concepto basado en su presencia única y sin apenas alternativa durante décadas? Se dice la televisión, pero todo lo más los libros. La televisión es monolotíca, los libros diversos. Trato de imaginar esas comunidades donde la Biblia es el único libro, quizá el único ocio, dicho con distancia el único consumo cultural y, por tanto, todo gira en torno a ese libro y todo es Biblia y nada más.

    Pero si resultara que todas, todas las imágenes se tornaran páginas de miles de libros y hubiera cincuenta muertes retratadas cada semana, si decidiéramos que el dolor que un familiar lejano siente merece que le mostráramos la muerte de una madre, y tomáramos nuestro teléfono móvil para hacerlo y que en la misma Australia pudiera elegir su forma de sufrimiento ante la impotencia, puede que todo fuera simplemente normal.

    La pastilla de los malos recuerdos

    16 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    Una cosa como ésta será pasto de radios y televisiones. También de filósofos amateurs como pueden ser los peores momentos de autosuficiencia del autor de esta página. Pero merece abrir los ojos y tomar nota de que en la ciencia han conseguido un fármaco para olvidar los malos recuerdos. Es como una píldora del día siguiente, si corres y la tomas te quedas sin fatalidad. Propranolol. Me parece invitable que en el mundo castizo la cosa termine en tómate un propano, que cambiaría hombros y pañuelos como remedio del sufrimiento por una ampliación del prozac como asidero.

    Los usos son múltiples, en mi opinión: a) puede administrársele al torturado para que olvide al torturador y la tortura b) puede darse al amante abandonado para que se olvide del desengaño o de la traición c) puede tomarse en caso de la pérdida del hijo, el padre o la madre d)…. Pero dice el redactor del periódico que la cosa se circunscribe al recuerdo del miedo, como al de las fobias a las arañas (¿al hombre del saco? ¿a la oscuridad?), lo que permite volver a enunciar los anteriores ítems en forma de consecuencias más diversas: perderle el miedo al torturador o al violador, a abandonar al amante o la amante, a morir o ver morir. Es decir, la literatura puede encontrar nuevas fronteras, la vida cotidiana ni se sabe.

    Cazadores

    14 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    Vamos a aprender un montón de monterías. De su vida social (quién va, qué hay que ponerse), de la técnica (cómo portar el arma y, en general, cómo tratar con las armas), de estrategia (perros, posiciones y cosas por el estilo), amén de chascarrillos (no en vano de cornamentas hablamos). Berlanga sigue vivo, no sólo de espíritu, sino que debe seguir contemplando este patio de vecinas en su avanzada edad relajado al comprobar que hay tradiciones que no cambian. Constructores al asalto de ayuntamientos, cacerías, no es que Francisco lo dejara todo bien atado. Es que las tradiciones son asín.

    De los brujos y de lo asombroso

    9 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    Se escucha un relato televisivo como los de aquéllos que asombraban con alguien que vuelve a creer que las estampitas de un actor que se hace el tonto no son el truco del almendruco. Ésta vez han pagado dinero, mucho dinero, a un brujo africano para que el amor aparezca y, cuando no aparece, el alma solitaria es culpable por no cumplir los sagrados y esotéricos conocimientos del chamán: todo se arregla con más dinero. Es el momento de pensar y decir lo de antes, pero ¿cómo es posible hoy creer en un hechicero?.

    ¿Cómo es posible la ignorancia y la superstición?. Si se sigue dando, hay que pensar que ser o pretender ser listo es peligroso, pues cualquiera somos víctimas de nuestros anhelos. Los sorprendidos se sienten tan ridículos y tontos que denunciar al ladrón es una pesadilla superior al propio robo. Pasar por bobo, no es plato de gusto. Pero pienso que ser bobo sólo es una parte de uno mismo y que juzgar la bobería de los demás resulta arriesgado. Todos llevamos un bobo dentro. Si te quieren engañar, te engañarán, con estampitas, unas manchas de café o lo que quieran: ¿se puede vivir pendiente del engaño ajeno cada segundo de la existencia? La categoría de bobo te la atribuirán igual cualquiera que sea tu educación y cualquiera la tipología del engaño, unas estampas o unos contratos: quien te quita tu dinero, encuentra la forma de hacerte pasar por tonto, por muy doctor de Salamanca que sea el paisano.

    Resta una pequeña venganza. Infantil. Enternecedora: tonto el que lo lea.

    El crítico moderado

    9 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    Es cierto que hay que dar al espectador lo que quiere, pero con moderación

    Lo asevera un severo crítico de televisión, supuesta una larga reflexión. Y, ahora bien, ¿quién reparte el carné de moderado?
    (¿O es el de moderador?)

    Beneficios para las familias

    3 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    Veo al primer ministro muy preocupado. Me preocuparía yo si no fuera así. Un motivo más del que informa la prensa son los beneficios de los bancos, esas entidades que dan dinero a quien no lo necesita (conocido aserto que debe ser mentira porque si no, ¿para qué lo piden? ¿o por qué hay gente que no lo devuelve?). La ciencia económica debe tener respuestas para todo esto, aún en su natural defecto: explicar mejor el pasado que el futuro.
    Mi primera conjetura es preguntarme si es malo que los bancos tengan beneficios. Peor aún, que tengan beneficios enormes. Se supone que, en realidad, es buenísimo: si están todos los bancos del mundo corrompidos o quebrados, que un banco dé buenos beneficios sería una excelente noticia, querría decir que sano está y que la vida sigue igual. O que hay motivos de esperanza. La segunda conjetura que me hago es que, evidentemente, no puede dejarse a los banqueros sin freno o cortapisa: como más vale pájaro en mano que ciento volando, dar resultados de corto plazo ignorando el futuro puede ser especialmente contraproducente. Cualquier conocimiento rudimentario de contabilidad lleva a concluir que un manejo creativo de dos palabras tan feas como amortizaciones y provisiones dan lugar a resultados muy distintos. Como todo el mundo sabe que el problema más verdadero de un banco es que todo el mundo venga a pedirle a la vez, dar dinero y tener contento al accionista, usualmente también gestor, es una tentación a la que es fácil sucumbir y hasta se diría que comprensible.
    Es evidente que ocuparse de las personas que no pueden valerse por sí mismas es un rasgo propio de un grado de civilización que, personalmente, uno desea. Otra pregunta es cómo se hace eso. Pero lo cierto es que ocuparse de las familias y los caídos del sistema es una necesidad. Dicho esto, uno echa de menos que la retórica de un primer ministro, más allá de que forma parte de la natural inclinación de un político encontrar el alma de una población que vive angustiada y que francamente desea mala suerte a los bancos en su vida cotidiana,  esté más preocupada por encontrar la forma en que los beneficios crecen. Para poder asistir a los débiles o, mejor, que se asistan por sí mismos.
    Parece confirmarse que la vieja maldición de la economía, la elección de alternativas de empleo de recursos escasos en condiciones de incertidumbre, adquiere, de nuevo, toda su crudeza. Todos estamos aturdidos.

    El innegable progreso moral de la sociedad española

    2 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    En 1938 las trincheras estaban en la Ciudad Universitaria. En 2008 están en las emisoras de radio.

    Tan satisfecho de vencer como puedes llegar a estarlo

    2 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    «Cuando ves al rival así, a un compañero, disfrutas un poco menos de la victoria»

    Ganar, si tu amigo sufre, ya no es divertido. Momento para volver a ver En Busca de Bobby Fisher. Y de entenderla. El que quiera.

    Mea culpa, grandísima culpa

    1 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    Siempre que un político califica una conducta de irresponsable, me llevo la mano a la conciencia. Es para evitar que la sospecha pueda conmigo: un inglés dice que soy irresponsable si tengo más de dos niños porque el planeta, esa masa azul vista desde la luna, se pone en peligro. También me han dicho que usar Google es absolutamente contaminante. Uno tiene edad para recordar que iba a haber una nueva glaciación, que el efecto 2000 iba a echar presas abajo y para haberse atemorizado por el tercer secreto de Fátima.
    Cuando miras por aquí y por allá, encuentras toda clase de argumentos en favor de una catástrofe climática en fecha posterior a mi segura muerte. Si sigues mirando, encuentras argumentos que discuten que todo eso sea siquiera predecible. Incluso sé de uno con profusión de datos y argumentos que lo encuentra hasta bueno para muchas cosas. Sin negar que eso que se llama el medio ambiente requiere un tratamiento correcto y equilibrado, uno sospecha bastante de todo lo que recuerde a Nostradamus, San Malaquías y el día del juicio final. No puedo evitarlo. Especialmente porque tiene un aspecto horrendo a quema de brujos y a una vida oscurantista, como la de los sacerdotes que prohíben la música, o la de los que te prohiben gozar porque el cielo te castigará.
    No consumiendo, sacrificando mi alimentación (comer carne, parece también muy perjudicial para el planeta) ganaremos el paraíso, un mundo que no conocemos pero en el que seguro que habrá pastos verdes y osos polares. Los antiguos, con notable carencia de instrumentos, fabricaron calendarios y predicciones de movimientos solares y lunares, pero parece que en todo este tiempo, calendario zaragozano aparte, saber si va a llover la semana que viene tiene más de arcano que de ciencia: el chamán hacía la danza de la lluvia, los curas paseaban santos. Y yo creo mucho en el poder de las matemáticas, que conste, y eso habiendo sumado lo bastante como para no dar una con la contabilidad de una empresa pequeña.
    En una esquina oigo que gritan negacionista. Me resulta ciertamente desagradable. Negacionistas son los que quieren convencernos de que la persecución y asesinato sistemático de judíos, gitanos, comunistas, republicanos patrios, personas con taras físicas y mentales en manos de unos extraños militares defensores de la pureza racial no existió. La diferencia está al alcance de cualquiera: mientras en este caso hacemos arqueología de datos y contamos con testimonios, muchos testimonios, de personas vivas con tatuajes de números en sus brazos, de la cantidad de hielo, del fresco de las sierras y del calor del agua del mar, tenemos mucha más dificultad a poco que se rasque uno la mollera. Es decir, por dudar, no voy a decir como Galileo, sino por argumentar que puede que no o que, después de todo, puede que ni siquiera sea una catástrofe sino que se den otras condiciones no necesariamente conducentes a una república de insectos, tienes un sello criminal.
    Los humanos son una especie muy limitada: parece que no hay tiempo en el que no ensueñen un mundo de aspecto idílico, con huríes o con manantiales que brotan en todas las esquinas y su alternativa de fuego y penalidades. Suelen crear hogueras y acondicionar esquinas de abandono para gente ni siquiera disidente, únicamente raras o balas perdidas, gente que genera duda de su conformidad con las personas bienpensantes.
    Dejo tranquilo al inglés: no tengo niños. Pero casi quisiera autoinculparme para buscar absolución. He pecado gravemente de obra – no he tenido niños, pero me he comido unas cuantas vacas y he consultado Google dos veces para escribir este arrepentimiento – y pensamiento, sobre todo pensamiento, porque no lo entiendo aunque usted sabe más que yo. Creo que sólo me falta que me golpee el pecho para decirle que no soy un negacionista, que no voy por el mundo burlándome de gente que han matado o querido matar por el aspecto de una nariz o por apellidos de etimología rastreable. Y que todo puede ser: porque Malthus nunca acertó, al menos del todo, con un razonamiento matemático que salta a la vista.
    (vuelvo a Google, yo, blasfemo: parece que Malthus ni siquiera dijo exactamente lo que te cuentan que dijo)

    Inversión de valores

    1 febrero 2009 por Gonzalo Martín

    «Vale ya de que los ministros animen a comprar productos españoles. Vayan ustedes por ahí a venderlos»

    Lo dice un científico español que está en Davos. Claro, trabaja fuera.

    Redactores de leyendas

    31 enero 2009 por Gonzalo Martín

    La prensa deportiva sólo es interesante cuando escriben cantares de gesta: «El superclase que se negaba a sufrir». La palabra superclase es, desgraciadamente para el razonamiento, poco épica, un tanto de supermercado. Pero Rolando está ahí. Aunque se llame Verdasco.

    Soy moderno (¡ea!)

    30 enero 2009 por Gonzalo Martín

    Ser moderno no tiene que ver con las revistas de tendencias. Es ser contemporáneo y no ser conservador.

    Nacho Canut. La prolongación de Alaska y de lo que dice Alaska.

    Insinuantes e insinuadores

    30 enero 2009 por Gonzalo Martín

    Cabrera al PP: «Insinuar que conocía el fallo sobre Ciudadanía es cuestionar al Supremo»

    Pues si usted lo dice…