«La prensa es mejor»
8 noviembre 2010 por Gonzalo MartínNo sólo porque el New York Times sea mejor que El País, sino porque el Atlanta Journal Constitution, también.
Curiosidades del imperio. Para antiamericanos a la violeta (vía josé miguel)
No sólo porque el New York Times sea mejor que El País, sino porque el Atlanta Journal Constitution, también.
Curiosidades del imperio. Para antiamericanos a la violeta (vía josé miguel)
Me dijo una vez el viejo Omar Torrijos antes de morir, hace más de 30 años: «He estado dos veces en España y tendríais que cambiar el lema ese que veo en los cuarteles de la Guardia Civil». «¿Por cuál?», le pregunté. «En España tenéis que poner: ‘Abajo el que suba’, que eso sí que os identifica».
González, haciendo memoria.
¿Antes de que viéramos cine americano se decía «no me gustan las sorpresas»? ¿Y «no me gustan las despedidas»?
Escucho entretenídisimo al famoso showman Andreu Buenafuente. Sí, yo también me río con él. El monólogo de esta noche incluye una serie de chascarrillos sobre cementerios, muertes y las consecuencias de no prever el epitafio de uno. Algo, por supuesto, destinado a proporcionar inmortalidad aunque no sea gloriosa. «No se puede dejar en manos de cualquiera», concluyen, como no dejarías tu miembro viril en manos de cualquiera. Claro que no. Me pongo a pensar en ello y creo que, a todas luces, me conviene tener una buena lista para elegir. Nunca es tarde para empezar y empezaré hoy:
Dura poco. Ya lo veréis.
Vendrán más.
«Los economistas, y probablemente los periodistas económicos, han hecho algo parecido al ridículo en esta crisis. Casi nadie la vio venir. Casi nadie supo explicar lo sucedido.»
(¿Los periodistas?, se pregunta el periodista. Y luego hablamos de la arrogancia de los bloggers)
Es sintómatico de una vida el que una y otra vez las cremalleras de la mochila geek que porto estén abiertas. En el metro, en la calle, en los bares… paso horas con las solapas abiertas a la vista de todo el mundo. Curioso: nadie comenta nada. Más curioso: nadie ha metido la mano dentro.
Quieren escribir hacer realidad Crónicas Marcianas.
El habitual presentador deportivo llama la atención al final del partido sobre las votaciones que la audiencia, en su poder soberano, ha realizado acerca de una pregunta sin matices: ¿fue penalty lo que le hicieron a Cristiano Ronaldo?
Más o menos el cincuenta y tantos por ciento de los internautas votantes – eran internautas – decían que sí, que la caída de Cristiano Ronaldo era penalty. El presentador deportivo informa taxativamente que, en consecuencia, sí fue penalty. Seguidamente, se muestran los resultados de una nueva pregunta sin matices: ¿fue penalty lo que le hicieron a la estrella italiana rival? La audiencia indica por un poco más del cuarenta y tantos por ciento que sí era objeto de pena máxima la caída del jugador visitante. Por contra, el cincuenta y tantos por ciento restante no estaba de acuerdo con que lo fuera. El presentador deportivo sanciona: el árbitro ha acertado, no fue penalty.
En manos de gente como esta pone el estado su proclama de independencia informativa, pluralidad y todas esas cosas que prometen un mundo ideal, siempre bajo su tutela claro está, y sin que un mínimo de decencia sociológica o científica arruine el confort y la respetabilidad de tener un micrófono que llega, se quiera o no, a diecisiete millones de hogares. Por no tener rubor, no tiene ni el rubor de asumir que los preguntados tienen un interés partidario porque, lo otro, el que alguien de una vez demuestre en público que se ha leído el reglamento y diga de una vez por todas qué carajo es un penalty, eso ya ni siquiera entra en una dimensión discutible. Para qué, se vota.
Eduardo Mendoza, generalmente tan entretenido y brillante, recoge su premio (hace bien en ganar dinero, aunque nadie dé un duro por la legitimidad del concurso) y dice la prensa que declara: «Tenemos que asumir la Guerra Civil entre todos». Francamente, no sé qué tiene que ver conmigo, yo ni soy ni pretendo ser parte de «todos». Ya va siendo hora de que los ancianos que ni siquiera tuvieron que batallar en ella dejen de pensar que sus frustraciones generacionales sean un tema del que yo tenga que emanciparme.
También tiene la mala costumbre de aparecer tras tu ventana a las horas propias que tiene un gallo de saludar al sol. La cuestión es que, a las impropias, continúa. Huertos improvisados como guardián de la nostalgia campesina de operarios industriales.
Hay quien pensará que Hadopi y el archivo – ¡secreto! – de los gitanos no tienen nada que ver. Seguramente, al editorialista de El País ni se le ha pasado por la cabeza, y cuesta pensar que dijera lo mismo ante un peligroso pirata cuya acceso a la red es desconectado (=expulsión) o cuyo nombre pase a un archivo de peligrosos delincuentes: La existencia de ese archivo pone de manifiesto un tratamiento a los ciudadanos de origen gitano contrario a los principios del Estado de derecho. ¿Era esto la decadencia? ¿Es el proclamado Estado democrático tornándose patético? ¿Es la impotencia ante la realidad? ¿Son los últimos estertores de un control imposible o, por el contrario, es el amanecer del control total?
(archivos repletos de malos son una constante de las policías de tantos gobiernos malditos, pero nos habían dicho que los nuestros no eran malditos, que por eso hicimos una guerra. fría.)
Me dejé olvidado a Tony Bennett. Un comentarista deja dicho:«Nobody sing this song the way he does. Even Frank Sinatra understood that». Una verdad como un templo. Al pobre Bennet le salió el gran Frankie y encima a Andy Williams le pusieron lo de «el último crooner», así que quedó en el limbo. Y eso que es el que queda en activo, aunque sea para memorizar, para idealizar lo que fue en lo que él no fue tanto. Pero se apropió de la canción: «You don’t really fall in love for you can’t take the chance. So, please, be honest with yourself, don’t try to fake romance.» Pero, como la épica mafiosa del cine que, en definitiva, siempre se cruza con ello, la buena vida tiene límites, quizá porque la rutina no permitiría el calificativo de buena: «Kiss the good life goodbye»
Si lo han entendido bien (es prensa, ¿qué esperan?), los políticosse suben el presupuesto en año electoral. No hay crisis ni austeridad que valga parar mantener los privilegios.
Pero el atributo reaparece, no sé si en el momento justo, pero sí cuando más conciencia va adquiriendo un servidor de que, sí, hay deterioro: el cabello, como el algodón, no engaña. La grasa acumulada, la que dicen que no se pierde, ahí está esplendorosa en mi cuello aunque mi peso no se corresponda e incluso mejore. Todo eso hace que visualmente, en los vídeos que la orgía de desintermediación mediática del internet de nuestros días, la contemplación de mi efigie y gesticulación se me vuelva opresiva y nefasta.
Mejor me quedo a oscuras. Habrá que centrarse en la voz.
Para la cena, encuentro una botella de un rosado de Navarra que encierro rápido a enfriar bajo cero. Terminado marmitako y copa de vino, un episodio de Mad Men. Mientras, paladeo un Oporto de 23 años que me llena la boca de aromas. Caray, sí, the good life.
Año 2019. Un anónimo ha colgado en un foro en la web un archivo con más de cuarenta millones de DNI’s digitales. El hallazgo tarda tres días en detectarse, pero el archivo está replicado en la red: una mafia rusa es la primera y más rápida en crear duplicados de DNI’s y pasaportes españoles. Durante semanas, se venden perfectamente impecables carnés que, en unos casos, se emplean para abrir cuentas corrientes en bancos perfectamente legítimas, en otros sirven para el acceso de emigrantes ilegales como nacionales de la Unión Europea. Con habilidad, otras mafias abren cuentas en los bancos para detectar el resto de cuentas de un individuo, pedir nuevas claves de red, tarjetas de crédito y vaciar las cuentas o, simplemente, disponer vía caja. Disposiciones legales de urgencia se ponen en marcha para, con la simple sospecha de un agente policial, retener a cualquier persona en la frontera. Los bancos pueden negar el acceso al dinero. Los notarios son exhortados para impedir ventas de inmuebles, constituciones de sociedades ante la duda de la identidad. Se pide el cruce con carnés de conducción y seguridad social. Pero el desconcierto es absoluto al descubrirse que, el Gobierno, había cruzado los datos de seguridad social, vehículos, permisos de conducción y de armas en el mismo archivo. Operadores de tarjetas de crédito, gobiernos de medio mundo, resuelven no poder confiar en cualquier identidad española, bloqueando comercio y transacciones monetarias. Los primeros en huir a por nuevos destinos fiscales y de identidad, son los millonarios que ya tenían el dinero en Suiza y Panamá.
En la cuarta pared, el público, o la clac, o las dos cosas, agitan banderas de plástico todas nuevas en perfecto orden. Caen papelitos desde el aire con una espontaneidad sin duda irreprochable. Autoconvencidos de ser como Obama, construyen actos de comunicación para la televisión en una orgía de presupuesto. Recuerden: ni siquiera todavía vienen a pedirnos que les votemos, es una fiesta privada. Pero el montaje será pagado por los mismos a los que le piden el voto con hábiles leyes que siempre tienen perfecto consenso de la casta de políticos: a tantos céntimos el voto. Así que da lo mismo, pueden contratar peluquería y maquillaje, que es barra libre.
La austeridad es un concepto que se aplica al recaudado, no al recaudador.
PD: Para los amigos de los equilibrios, no son moco de pavo los montajes de la Sra. Aguirre Gil de Biedma en la Puerta del Sol. De mosqueo en mosqueo y tiro porque me toca, la pregunta es quiénes son los que han prometido cambiar el mundo.
«Exacto, hablo del principio de curso»
Es el momento de la digitalización familiar perfecta.