Biografías alucinógenas (xxxviii)
26 noviembre 2013 por Gonzalo MartínConejo Moreno: Fan de Mortadelo y Filemón, Social Media, colaborador de #ActitudSocial y #HangoutON apasionado de #MarketerosNocturnos, el Marketing, el Basket y la Vida.
Conejo Moreno: Fan de Mortadelo y Filemón, Social Media, colaborador de #ActitudSocial y #HangoutON apasionado de #MarketerosNocturnos, el Marketing, el Basket y la Vida.
En uno de los blogs de Jacobin, se comen el coco porque Homeland y otros productos de Hollywood justifican la necesidad de disponer de un sistema de seguridad que, por supuesto, es capaz de excederse y superar las líneas de lo aceptable y el control democrático. Sí, claro. El problema de estas reflexiones es que no impiden el que, en efecto, la causa propagandística no declarada pueda ser incluso cierta y necesaria. Pero de la misma forma, Hollywood produce Modern Family, una trama que representa con total amabilidad, felicidad y cordialidad uno de los mayores horrores conservadores: familias que no son, por definición el concepto de familia que aman. Padres homosexuales, divorciados, hijos con relaciones prematrimoniales y otras conocidas causas de decadencia de la humanidad. Vendríamos a tener que Hollywood puede también poner en tela de juicio a los mismos conservadores encantados de disparar a todos los sospechosos de ser Bin Laden, q.e.p.d: Hollywood, para qué negarlo, de toda la vida fue un nido de maricas y comunistas. Siempre aparece alguien ofendido por los supuestos subyacentes de cada elección comunicativa, en Hollywood y en cualquier lado: seguramente mucho más desde que cualquiera puede tener voz. Si cualquiera puede tener voz, el ánimo censor parece no reducirse sino todo lo contrario: todo el mundo piensa que el espectador es mucho más tonto que uno mismo y no es capaz de darse cuenta de que lo quieren manipular. El analista de cada manipulación es tan listo que él sí. Todo el mundo cree que nadie tiene derecho a ofenderle y todo el mundo cree que tiene todo el derecho a ser el dueño de la regla que mide la ofensa. Por cierto, todos se olvidan de que sin éxito nadie haría caso a estas terribles manipulaciones.
Es la versión de Spielberg de la historia mítica de Avner, el redentor de Israel, la que sitúa al personaje frente a un escaparate de una tienda de muebles de cocina que refleja su rostro en los juegos de luces de la noche. Los momentos de intimidad de Avner en el relato siempre entrañan una cocina en la que primero se trabajan los alimentos y después se consumen. Sea en compañía de familia o de camaradas.
Una interpretación que se desconoce si estaba en la mente de los guionistas es la de que ese momento representa la verdadera patria o lealtad: la de uno mismo, la de la gente que quieres, el tiempo del hogar y hasta la memoria de la infancia: no todo el mundo aprende a cocinar en casa, pero sí has visto a tu madre cocinar. Quizá ese es el punto de giro en el que Avner tiene que elegir entre sí mismo o las ordenes de la patria, realizar la elección entre el sonido de la flauta de Hamelin o la persecución del camino propio.
Atribuimos al cine y la literatura la capacidad de explicar a los hombres. Se trata de impresiones difíciles de compartir porque conducen a descubrir las emociones ajenas en su estado bruto, emociones que generan después una racionalidad destinada a elegir conductas. Sí, el arte termina imitando a la vida:
«Ya no me importa el vacío de la izquierda abertzale, no me importa lo más mínimo, solo me importa mi vida»
Tu cocina puede ser tu vida. A lo mejor es demasiado aventurado decir que algunos de los tipos más interesantes de la humanidad son los que tuvieron que ir a matar en nombre de otros y regresaron para liberarse de esos otros.
Con el tono pueril que caracteriza lo que llamamos prensa o medios, leo en algún lado que los especialistas en marketing están muy seguros de que anunciando antes las fiestas (es decir, la navidad) antes compramos. Debe ser verdad, que con el dinero no se juega. Al recordarme la navidad, y no sin cierta angustia, me trajeron a la mente el temor de que dentro de pocos días me aparezca en el correo electrónico el mensaje de algún amigo entrañable (sin coña: lo será) que tiene un primo que comercializa lomos y jamones (ibéricos, por supuesto) a precios de rechupete y que yo podré disfrutar gracias a su enorme gentileza. El mensaje vendrá disfrazado de cordialidad y un cierto tono enrojecido de quien sabe que está forzando la amistad. Un antropólogo de guardia podría ver en ello el tradicional reparo al comercio del celtibérico. Un bienpensante el deterioro de la buena educación. Un candidato a geek contemporáneo la constatación de que el spam es la otra cara de nosotros mismos. Razonamiento pseudofilosófico de la semana: en el fondo, todo es spam. Esto mismo es spam. Todos tenemos un spammer dentro. Todos queremos poder spamear. Ser spammer por un día, libera. Spam y ego son equivalentes. Puesto que el spam termina en la basura nuestro ego se ve, como sucede en la vida cotidiana, inevitablemente arrinconado por los demás. Y también como en la vida cotidiana cuando el ego se desborda y se nos pone en evidencia, nos sonrojamos. En fin, spam y persona deben ser exactamente lo mismo.
Ozú, cuánto rollo.
PD: cierta vez imaginé que iba a escribir un cuento en el que la navidad se había vuelto tan absurda o tan indiferente a la vida normal, por aquello de que hay salmón para todos y todo el año, que a los directivos de El Corte Inglés se les olvidadba anunciarlo y nadie se acordaba. El intento de escribirlo murió antes de empezar: había principio, pero no había final. Quiero decir ningún final aparte del riesgo pelmazo de redescubrimiento de eso que dan en llamar el espíritu de la navidad, redención religiosa o algún otro aburrimiento por el estilo. Es decir, que no di con un cuento, sino con un la descripción de un posible hecho.
«Gareth era un jugador al que no teníamos ninguna intención de vender, ya que queremos construir un equipo para el futuro. Es un jugador cuya carrera hemos fomentado y desarrollado. Pero tal ha sido tal el interés del Real Madrid y el deseo del jugador de marcharse, que hemos considerado que no iba a estar suficientemente comprometido esta temporada. Por lo tanto, tuvimos que acceder a la venta, a sabiendas de que tenemos un equipo excepcionalmente fuerte. Deseamos a Gareth lo mejor en el futuro y siempre será bienvenido a White Hart Lane», explicó el presidente del Tottenham, Daniel Levy, en Twitter.
…hay sólo una cosa que quieren los medios y que esa cosa son clicks (por lo que a veces terminan montando noticias ridículas)
Hay quien confunde escribir claro y entretenido con escribir ligero.
A ver, tener una empresa no es algo feo, es algo bonito, simplemente tú haces algo por lo cual la gente quiere pagar un dinero
Erika Lust, creadora de una empresa de pornografía que proporciona al género una mirada femenina. Ahora no pierdan el tiempo mirando con sospecha el sector en el que trabajan y piensen si lo que dice obedece a un contexto social hostil o no. Para los apocalípticos que esperan el fin del mundo porque a ellos no les pagan las películas y los periódicos, tienen materia para leerse la frase una y otra vez.
@elmundofinan: Diario digital online sobre economía y finanzas. Fue fundado en 1946
«La Tierra atravesará una nube de polvo y el cielo se llenará de estrellas fugaces»
Parece el comienzo de una épica distópica a la medida de hackers y futuristas punk. Pero no.
#enamoradadel82: Celosa, Berrinchuda, Muy Muy Guapa, Muy Mamona, Caprichosa, Cabrona, muy Chillona, Equis soy Mujer.. Y no todo lo que tuiteo es verdad ¿Captas?
«El negocio de informar no se muere pero sí se transforma», titulaba Versvs la otra mañana. La transformación hacia cosas diferentes, pequeñas, muy verticales y con comunidades comprometidas parece una tendencia más allá de la pura fragmentación de medios.
El conocido ardor del Sr. Arcadi Espada por las consecuencias de lo digital (en este momento, voy a realizar lo que él mismo llama en el artículo que voy a citar una «apropiación indebida») se hace cada día más sorprendente. Cómo no, hoy realiza un extenso comentario sobre la adquisición por parte del Sr. Bezos del diario The Washington Post y algunas otras propiedades de la empresa editora. El punto sorprendente es el que sigue:
Yo era un mileurista normal y corriente, con una hipoteca y sueños.
Una. En concreto. La mía. Le decía a Víctor de la Serna y a José Miguel Guardia que a lo mejor pagaría céntimos por leer los míticos Washington Post y New York Times (este último es frecuente que lo consulte a diario), pero que no lo haría por Orbyt y sus contenidos, en especial El Mundo. Víctor de la Serna me contesta que cada uno paga por aquello que le interesa y yo deseaba superar los ciento cuarenta caracteres para poner el contexto de un usuario que es el que es: un servidor.
Srta_Diana: Me casaré con un robot y viajaremos en el tiempo.
La cuestión de la marihuana resulta ser un auténtico caso de estupidez colectiva:
Twitter era chévere hace 4 años.